A ti, bienintencionado defensor de la pintura progre “limeña”, ciudadano crítico en la era de la TV basura y simpatizante de los mensajes de libertad. No sufras si no ves a la calle el mural policromático que te hacía sentir más cerca a New York, Paris o Sao Paulo y si se cubren las paredes con un hepatítico amarillo.
Perdona si los indios no entendemos tu vanguardia sustentada en argumentos de redes sociales y si desconocemos el street art británico de Banksy, así como nosotros perdonamos (o le somos indiferentes) a los intelectuales que no nos representan: a los indigenistas, a los humanistas paternalistas, a políticos de izquierda caviar y a los “artistas” de Quilca fuera de la PEA.
Porque cada vez hay mundos de más arriba y mundos de más abajo un crítico dirá “no sé por qué hacen escándalo por la huachafada aquella que parece una mezcla de Guayasamín en pepas con máscara de cachascanista mexicano” y tú dirás “bueno, que borren ese también pero no los demás”.
Y si crees que los murales “animan secciones deprimentes del paisaje urbano y reemplazan, hasta donde eso es humanamente posible, a los vándalos del aerosol” o solo piensas que “cualquier mural es mejor que una pared pelada”, entonces rebélate.
Si quieres quemar el mundo, si quieres cobrar venganza, hay paredes en abundancia en Miraflores, San Isidro y Surco, ahí podrás ser más transgresor, un artista de verdad.
Y piensa...
Pregúntale a tus padres cuánto disfrutaron de los mosaicos abstractos de Szyszlo y Wiesse en la Vía Expresa encargados en los 90, “hoy descangallados o desaparecidos”, e indígnense juntos y tomen la incómoda pero coherente decisión de mandar a pintar la fachada de tu hogar con alguna escena surrealista, indigenista o Movadefista. O mira el Street View de Google y suspira…
(Escribe un personaje)
No hay comentarios:
Publicar un comentario