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jueves, 16 de enero de 2014

El rechazo a lo ajeno: Reacciones sobre la escultura Entre el Tiempo de José Tola

El "monstruo del malecón" no muerde, ni siquiera te mira, pero su potente presencia no deja de ser perturbadora e interrumpe —para bien— el orden creado por el limeño antiguo, ese orden que desconocía o se aislaba del gran resto del Perú. El Parque del Libro, donde está ubicada la escultura, siempre tiene el césped bien cortado, los senderos asfaltados están correctamente definidos y hasta hay indicaciones sobre dónde poner los desechos del perro; este parque es la fase ideal del transito de lo artificial (los edificios, la pista, los autos) a lo natural (el mar y la isla). Pero esta parte del Malecón Cisneros, donde "armonizan" el hombre y la naturaleza, hoy está violentada por la escultura Entre el tiempo, que con sus dos caras mira a los edificios, por un lado, y a la isla San Lorenzo, por el otro. La impertinente obra de José Tola ha generado el rechazo de un grupo de vecinos miraflorinos.


Un crítico contemporáneo de arte no intentaría explicar el significado de la obra y, más bien, diría que de lo que se trata es, justamente, de "no significar", de romper el sentido armonioso y "saludable" que generan los edificios, el parque y el mar, para así cuestionar ese orden artificial y hasta enajenante. Sin embargo, quienes rechazan la escultura no están en contra de lo abstracto de ella, pues ellos sí han encontrado significados en varios elementos que la componen; para ellos resulta insoportable la deformidad antropomórfica, las connotaciones sexuales y diabólicas y los "colores huachafos" o "colores que no se integran al paisaje natural". Al reconocerlo como un antropomorfo (tiene una cabeza, tronco y extremidades como ellos mismos), lo que entonces no toleran es que sea ajeno a ellos (tiene cuatro dedos, es bisexual y muestra colores andinos).


2004 Vitral 120 x 147 cm.

Es bueno saber que no es la primera vez que se rechaza un monumento en esa zona de Lima. Roberto Ochoa, de La República, hace un recuento de las esculturas que también fueron censuradas en su momento. Una de ellas es El beso, que hoy se ubica en el conocido "Parque del amor", la cual, para quienes estaban en contra de su colocación, no poseía una estética miraflorina, era demasiado chola y debía estar "en algún otro parque de Lima". En el caso de Entre el tiempo, no se puede negar que posee bastante de la estética andina, donde priman los colores fuertes utilizados por esa cultura y provenientes de las sociedades precolombinas, se trata de un estilo que Tola emplea en la mayoría de sus trabajos hace más de treinta años. Roberto Ocho también reconoce esa influencia y destaca que, como muchos otros artistas peruanos, "Tola no se ha librado de la influencia atávica que viene desde el panteón de la civilización prehispánica" y que Entre el tiempo se asemeja a "un tótem de dos caras, como Tiahuanaco o Pachacámac", pero actualizado con los colores que peyorativamente se conocen como "chicha" —agregaríamos.


Es así que se puede deducir que el rechazo de algunos miraflorinos es el repudio en parte a lo andino que subrepticiamente transgrede y cuestiona los espacios tradicionalmente limeños. Pero no solo eso, también se trata de la censura a grupos minoritarios como la comunidad homosexual (por la doble sexualidad de la efigie), a las personas con anomalías físicas (los cuatro dedos en manos y pies), y lo que no comulga con lo cristiano (por la barba y los supuestos cuernos de la figura).


Sin embargo, es grato saber que quienes rechazan la obra son menos por lo menos online que los que están a favor de ella. La página en Facebook de la comunidad "No al monstruo del Malecón..." (donde participan personas mayores de treinta años) tiene solo 626 fans contra los 3909 fans que posee la comunidad "Sí a la gran escultura...", cuyos participantes son más jóvenes. Son precisamente estos jóvenes quienes han crecido en una época donde han tenido que convivir con la cultura andina como nueva dueña de la capital y se han acostumbrado a la mayor exposición de la comunidad gay y personas con anomalías físicas en los medios masivos. Ha sido esa nueva experiencia la que los ha hecho más tolerantes y que no sientan ese rechazo a lo distinto a ellos, a diferencia de los cuarentones y cincuentones que protestaron con carteles y afiches contra la escultura.

De esta manera, es seguro que el "monstruo del malecón" no hará llorar a los niños que paseen por ese parque, por el contrario, los educará al hacerlos más tolerantes a lo ajeno y diferente a ellos; conocerán, gracias al "arte", que no todo es armonía en el mundo, que existen cosas distintas y heterogéneas, otros grupos quizá más fuertes y grandes que ellos mismos.